¿Memoria de gato escaldado?

 

 

¿Memoria de gato escaldado?

Se cumplieron ya diez años de la Guerra de Iraq. El poderoso Saddam Hussein –el déspota ególatra, sin duda -, es un muy lejano recuerdo para las generaciones de mayores. Su nombre no ocupa un lugar en la prensa ni, su tan producida y manejada imagen, en las pantallas. Hay que bucear un poco más en la información internacional para encontrarse con periodistas o analistas que recuerden aquellas masacres llevadas adelante por Estados Unidos en nombre de la libertad del pueblo iraquí, de la paz y de la humanidad.

Por ejemplo, un artículo que plantea una síntesis muy dura y crítica de lo ocurrido, se inicia así: “Hace diez años del inicio de la guerra contra Iraq. La ONU se negó a dar su aval porque no veía claro lo de las armas de destrucción masiva que Estados Unidos decía insistentemente poseía Saddam Hussein y que hoy se reconoce nunca existieron. Las calles del mundo se llenaron en protesta contra la guerra. Tres jefes de gobierno se juntaron en las islas Azores y decidieron por su cuenta llevar la libertad a Iraq en desafío a la ONU y a la opinión pública internacional. George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar -los reunidos en las Azores- son vistos ahora por gran parte de la humanidad como criminales de guerra; responsables de haber desatado, sobre la base de mentiras, un conflicto que ha costado hasta hoy la vida de 1.455.590 personas, según la revista estadounidense Foreing Policy.” (Iroel Sánchez, “Cuestión de tener memoria” Rebelión).

Como el origen de la información en estos tiempos es tanto o más significativo que la información misma, nos tomamos el trabajo de corroborar algunos nombres de los colaboradores de esta revista. En general, nada sospechosos de preferencias musulmanas, terroristas o peligrosas.

De cualquier forma, el número de muertos que como consecuencia de aquella guerra informa la publicación –casi un millón y medio de personas -, nos parece una cifra no sólo terrible, sino exorbitante. Tarea de cada uno será el confirmar su veracidad. Pero, al realizar esa tarea nos encontraremos con que esos muertos –aunque la cifra sea menor -, fueron personas cuyo mayor delito fue el de ser ciudadanos de esas regiones. Porque murieron en bombardeos masivos e indiscriminados. De ellos, no sabemos nada: en qué trabajaban, qué edad tenían, con qué soñaban. Por eso se cita la reflexión que muchos hacen: “La primera víctima de esa guerra fue la verdad”.

 

Por oposición, la banalización de la información sobre los atentados ocurridos en Boston, en momentos de la llegada de la Maratón, su transformación en espectáculo, agrede a la sensibilidad al tiempo que a la inteligencia. “8 años, niño muerto; decenas de heridos”. Nadie puede minimizar semejante barbaridad. Pero sorprende, por oposición, que no hayamos sabido nada, de ningún niño de Bagdad.

El relato que día a día se va construyendo sobre estos hermanos que quizá fueron los autores, quizá `terroristas solitarios´ con sus cerebros `lavados´ por alguna secta de origen musulmán, se parece demasiado a otros relatos que recordamos, con secuencias muy similares, cuyos comienzos ofrecían motivación, intriga y mucha sangre. Pero cuyos desenlaces con descubrimiento de los culpables se han diluido en una grisura total; comenzado por el de J. F. Kennedy.

Por su parte, el relato de esta periodista insomne continúa de una forma increíble, actualizadora de los acontecimientos de hace diez años. En primer lugar asegura que en los años de la Guerra de Irak, el Pentágono utilizó corresponsales “empotrados” en las tropas invasoras. Entre ellos nombra a M. Vargas Llosa que publicaba sus Crónicas iraquíes en el diario “El País” de Madrid. Entre los que no aceptaron “empotrarse”, menciona al camarógrafo José Couso, muerto por las ráfagas de un tanque cuando filmaba desde el hotel. Hoy, cuando también en Madrid se realizó un encuentro cuyo centro fue la presencia de Joany Sánchez, la bloguera cubana, el hermano de aquel  periodista muerto quiso participar pero no fue admitido. En esta oportunidad, José María Aznar, le aseguró su “compromiso permanente” con  la libertad de Cuba. Mario Vargas Llosa, por su parte, definió a Joany Sánchez como la persona que encarna más que nadie en América Latina el amor a libertad”.

La relatora a quien hemos pedido prestado su material informativo para seguirlo, es también Sánchez y también cubana. Una cubana que vive en su patria, escribe en Rebelión y se informa en Foreign Policy.

Como conclusión sólo se nos ocurre pensar que, como siempre, es en base a la mayor información que podamos alcanzar, que vamos a intentar nuestras reflexiones personales; válidas para cada uno. Que en esas reflexiones, la memoria tiene un lugar primordial. Pero no la memoria con la que Roa Bastos define la conducta del gato: “¿Puedes certificar de memorioso al gato escaldado que huye hasta del agua fría? No, sino que es un gato miedoso. La escaldadura le ha entrado en la memoria. La memoria no recuerda el miedo. Se ha transformado en miedo ella misma.” Ojalá no sea esta la memoria que los poderosos de la tierra quieren provocar en nosotros, seres humanos pasibles de olvido.

Mirtana López